El proyecto de peces robot para controlar la calidad de las aguas en los puertos europeos toma cuerpo. Aunque las pruebas en el medio marino estaban inicialmente previstas para esta primavera, no se producirán realmente hasta dentro de un año. La causa de la demora no es en este caso la paralización generalizada de inversiones, sino la complejidad de crear unos artefactos capaces de trabajar incluso en mares como el Cantábrico en cualquier época del año. El ahorro esperado, unos 350 millones al año en los puertos europeos (unos 250.000 euros en El Musel), justifica la continuidad del proyecto sin recortes presupuestarios.










